Ferias, catas y mercados: comprar y aprender siguiendo la agenda gastronómica

La mejor forma de aprender a cocinar un producto es verlo en su sitio, con quien lo produce delante y sin prisa. Eso no pasa en el supermercado, pasa en las ferias gastronómicas, en las catas de bodega y en los mercados de temporada que se montan un fin de semana y se desmontan el lunes. En Castilla y León el calendario está lleno de ellos, y suelen anunciarse con muy poca antelación.

Qué se saca de una feria además de la comida

Tres cosas concretas. La primera, producto que no se encuentra en el lineal habitual: quesos de oveja curados en cueva, legumbre de la última cosecha, pimientos asados por el propio productor. La segunda, técnica: en las demostraciones se ve cómo se despieza un cordero o cómo se monta una tortilla de patata que no se rompe, y eso vale más que veinte vídeos. La tercera, referencias de sabor. Probar seis aceites seguidos enseña a distinguir un picor que es virtud de un amargor que es defecto.

Para no perderse los que caen cerca, lo práctico es revisar la programación local cada semana. En Valladolid, por ejemplo, en Aldea Pucela aparecen las ferias, catas y jornadas de tapas junto al resto de actividades de la ciudad, que es donde suelen colarse los eventos pequeños que nadie más anuncia.

Cómo aprovechar lo que traes a casa

El error clásico es volver con la bolsa llena y no saber qué hacer con nada. Con dos ideas simples se resuelve casi todo. Si has comprado buen queso curado, rállalo grueso sobre unas patatas panadera recién sacadas del horno y déjalo fundir dos minutos con el horno apagado. Si traes pimientos asados, cuécelos cinco minutos con caldo y un diente de ajo y pásalos por la batidora: crema para cuatro con dos ingredientes.

Y si compraste legumbre, ponla en agua esa misma noche. La legumbre reciente cuece en la mitad de tiempo que la del paquete de hace dos años, y ahí se entiende de golpe por qué merecía la pena el viaje al mercado.